viernes, 13 de diciembre de 2019

Pivot point (Pp) X Alberto Sánchez Ros

En la investigación técnica de numerosos accidentes marítimos, sale con frecuencia el concepto de Pivot point. El ‘Pivot point’ (en adelante Pp) es el punto sobre el que pivota un barco cuando se le aplica una o varias fuerzas. Su posición no es fija y sólo podemos estimarla. Cuando el barco inicia la arrancada avante, el Pp puede estar a un cuarto de eslora de la proa. Con arrancada atrás, el Pp se encontrará a un cuarto de eslora de la popa.
Las figuras adjuntas explican los siguientes fenómenos:
Con arrancada avante:
La hélice (lateral) de proa, apenas produce efectos y la mayor parte de su potencia se traduce en vibraciones.
Si se da remolque a proa, es necesario usar el mejor cabo disponible, pues se le someterá a  mucha tensión.
El barco tenderá a orzar.
El efecto del timón, remolcador a popa o presión lateral de la hélice será máximo.
El rabeo de la popa.
En casos especiales, por ejemplo, navegando por un río con la corriente a favor, el PP puede situarse más allá de la proa.
Con arrancada atrás:
Si queremos aumentar el efecto de la hélice (lateral) de proa, bastará con darle al barco un poco de arrancada atrás.
La popa ‘buscará’ el viento (efecto arribada).
El timón no tendrá efecto apreciable.
Sin arrancada
Si no hay una diferencia de calados apreciable, el Pp se situará hacia el centro de la eslora.
Conclusión
La posición del Pivot point, sólo podemos intuirla. Alcanza su posición extrema, bien hacia proa o hacia popa, cuando la arrancada es mínima. Cuando el barco aumenta su velocidad, tiende a retroceder a la posición central.
Comencé a maniobrar con barcos en 1995 aprendiendo de mis predecesores la maniobra idónea para cada puerto y atraque. Cuando había que maniobrar en un nuevo atraque se extrapolaba o se hacía una síntesis de las experiencias adquiridas en los atraques más frecuentados. Dominar la teoría del Pivot point supone un conocimiento global del comportamiento de los barcos que nos permite diseñar la maniobra más idónea para cada lugar y circunstancia de una forma más profesional y elegante. Comencé a familiarizarme con ella en 1996 a través del libro ‘The Shiphandler’s Guide’ del Capitán R.W. Rowe FNI, publicado por ‘The Nautical Institute’.
Desde entonces y hasta mi retiro de los barcos  en 2007,  la he tenido en cuenta en todas las maniobras que he realizado en buques rolón y ferries de pasaje y carga.
Además de la obra mencionada, en Internet abunda información y videos sobre Ship’s Pivot point  and Shiphandling.
Nota. La imagen que ilustra este artículo corresponde al buque CIUDAD DE GRANADA, pintado por el autor.




sábado, 16 de noviembre de 2019

Carta Pedro Sánchez a militancia PSOE


El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, se dirige este sábado a la militancia con una carta. En ella rememora las victorias electorales del Partido Socialista en todos los comicios celebrados este año y califica como "imprescindible" el acuerdo con Unidas Podemos una vez que esta formación garantiza a los socialistas "un único gobierno cohesionado, basado en la lealtad y la solidaridad gubernamental. Especialmente en los asuntos económicos y territoriales capitales".

Sánchez también remarca en su misiva que, el preacuerdo abre paso "al primer gobierno nacional de coalición en la historia de nuestra democracia reciente". "Pero más importante aún que la fórmula es la orientación netamente progresista del nuevo gobierno" y anima a la militancia a votar el próximo 23 de noviembre a favor de este acuerdo porque este gobierno de coalición es "el único capaz de romper el ciclo interminable de elecciones y bloqueos sucesivos que arrastramos desde hace cuatro años".

A continuación reproducimos completa la carta:



Estimado compañero:

El pasado 10 de noviembre el Partido Socialista Obrero Español ha vuelto a obtener la confianza mayoritaria de la ciudadanía.

Por quinta vez en seis meses hemos sido la opción más votada de entre todas las que concurrían a las urnas. Lo fuimos en las elecciones generales del 28 de abril; lo habíamos vuelto a ser en las municipales, autonómicas y europeas del pasado 26 de mayo. Y hemos vuelto a serlo el 10 de noviembre. Cinco victorias en medio año. Cinco victorias, producto del trabajo de los militantes y la confianza de los votantes. Cinco victorias, sin que ninguna haya sido asumida por las derechas.

En estas elecciones del 10 de noviembre hemos sido de nuevo la fuerza más votada a nivel nacional. Pero lo hemos sido, también, en diez de las diecisiete comunidades autónomas. Y hemos obtenido representación parlamentaria en las 50 circunscripciones provinciales, un logro inimaginable para las restantes fuerzas políticas y que demuestra nuestra capacidad para entender y recoger la diversidad de España.

Somos, en definitiva, la esperanza progresista para millones de personas que contemplan con preocupación el auge de una ultraderecha, fortalecida por unas derechas que se acobardan ante sus mensajes de odio y que se abrazaron a ella en gobiernos autonómicos y municipales cada vez más retrógrados. Una ultraderecha fortalecida por quienes les dan cobertura en sus proclamas contra pilares constitucionales tan esenciales como la igualdad de género, la libertad de expresión, la protección de las minorías o el propio Estado de las Autonomías.

No vamos a aceptar que el discurso del odio y la intolerancia avance. Tampoco, que se frustre  la voluntad mayoritaria de contar con un gobierno progresista. Menos aún, que se perpetúe el bloqueo político que impide que nuestro país tenga gobierno. España no puede vivir en la interinidad política por más tiempo.

En la última campaña electoral he manifestado públicamente que, si volvíamos a obtener la confianza mayoritaria de la ciudadanía, íbamos a dar un paso inmediato para superar el bloqueo político con una propuesta que se iba a hacer efectiva en menos de 48 horas.

Por eso hemos dado un paso al frente y hemos tomado la iniciativa. Ese es el fundamento del acuerdo alcanzado con Unidas Podemos para construir un gobierno de progreso que saque a nuestro país del bloqueo político e inicie su andadura cuanto antes.

El acuerdo resulta imprescindible a la vista del resultado electoral. Y el acuerdo ha sido posible cuando una y otra parte nos hemos convencido plenamente. Ahora, ambos tenemos las garantías que necesitábamos. Para UP era crucial participar en el Consejo de Ministros. Para el PSOE era condición indispensable garantizar un único gobierno cohesionado, basado en la lealtad y la solidaridad gubernamental. Especialmente en los asuntos económicos y territoriales capitales. En el preacuerdo firmado se recoge tanto lo uno como lo otro. Y, por encima de todo, existe la coincidencia en avanzar en una senda progresista y evitar que persista el bloqueo un día más de lo necesario. El que hemos tomado es el único camino real para evitar el bloqueo.  

El preacuerdo abre paso al primer gobierno nacional de coalición en la historia de nuestra democracia reciente. Pero más importante aún que la fórmula es la orientación netamente progresista del nuevo gobierno proyectado: un ejecutivo comprometido con la igualdad entre hombres y mujeres, que defienda los servicios públicos y la cohesión social, que apueste por el crecimiento y la innovación en la economía, que avance en el reconocimiento de nuevos derechos, que lidere la lucha contra el cambio climático, que fortalezca la cohesión territorial desde el diálogo y las leyes y no promueva la confrontación y el enfrentamiento entre españoles. Todo ello cumpliendo con los compromisos económicos y presupuestarios que derivan de nuestra firme apuesta europea.

La fragmentación parlamentaria es producto de la decisión de los españoles y no puede traducirse indefinidamente en bloqueo institucional y en aplazamiento de los problemas y retos que afronta España. Hemos demostrado nuestra voluntad de superar el bloqueo de una vez por todas con generosidad y con responsabilidad. Ahora vamos a apelar a esa misma  responsabilidad del resto de fuerzas parlamentarias, especialmente aquellas que comparten los valores de progreso, para que contribuyan a buscar soluciones allí donde otros se empeñan en poner obstáculos.

No basta con superar la sesión de investidura. Necesitamos ensanchar las bases del acuerdo para contar con una mayoría sólida a lo largo de toda la legislatura. Y nadie más, salvo el PSOE, está en condiciones de conseguirla. El gobierno que estamos propiciando con el preacuerdo es, desde luego, el que puede dar mejores respuestas a los problemas nacionales. Pero es, además, el único capaz de romper el ciclo interminable de elecciones y bloqueos sucesivos que arrastramos desde hace cuatro años.

Se abre ante nosotros un camino que no será sencillo porque la ultraderecha ha contaminado a buena parte de las fuerzas conservadoras con sus postulados extremistas y sus métodos de falsedad, insulto e intimidación. Pero nosotros sabremos recorrer este camino sin perder de vista nuestras metas: impulsar la justicia social frente a la desigualdad; la limpieza contra la corrupción y la convivencia ante la confrontación y el odio. Tenemos la oportunidad de dejar atrás, de una vez por todas, una etapa de parálisis y bloqueo y de abrir un tiempo de avance y de esperanza.

Como militante, tienes en tu mano la decisión de ratificar el acuerdo al que hemos llegado con Unidas Podemos, para el que pido tu voto favorable el próximo 23 de noviembre.

Un gobierno conservador puede permitirse el lujo de gestionar de espaldas a los ciudadanos y sostenerse solo en el apoyo de los poderes establecidos. Un gobierno progresista, un gobierno socialista, no se conforma con administrar lo existente. Tiene metas mucho más ambiciosas, como mejorar la vida de las mayorías y construir un país más justo y más solidario. Necesita por eso la colaboración activa y el apoyo de los ciudadanos comunes y corrientes, de las grandes mayorías, que son los destinatarios principales de su acción.

El corazón de esas grandes mayorías, quien recoge su sentir y lo mejor de sus valores en cada rincón de España, es la militancia socialista. Por eso, pido mucho más que tu voto. Solicito también tu compromiso y tu colaboración para trazar, difundir y defender la acción de ese gobierno de coalición progresista frente a todos los obstáculos que nos interpongan en el camino.  

Con toda mi gratitud y todo mi afecto,  

Pedro Sánchez,

Secretario General del PSOE

sábado, 12 de octubre de 2019

Brexit, Unión Europea y democracia x Thierry Meyssan


La política de Boris Johnson se sitúa, para Thierry Meyssan, en perfecta continuidad ‎con la historia británica. Si en vez de utilizar como referencia las declaraciones ‎de campaña del primer ministro británico analizamos más bien sus escritos, veremos ‎que la política de Boris Johnson está determinada, más que por un deseo de ‎independencia económica, sobre todo por el temor ante la instauración de un Estado ‎supranacional continental.

En el momento de la disolución de la URSS, Francia y Alemania trataron de preservar sus lugares ‎en el mundo resolviendo el problema de su estatura ante el gigante estadounidense. Decidieron ‎entonces reunificar las dos Alemanias y fundirse juntas [Francia y la nueva gran Alemania] en un ‎Estado supranacional: la Unión Europea. Con la experiencia que ya tenían de cooperación entre los ‎Estados, creyeron que sería posible construir ese gran Estado supranacional a pesar del dictado ‎del entonces secretario de Estado James Barker, que imponía una ampliación forzosa de la UE hacia ‎el este. ‎

Durante los debates sobre el Tratado de Maastricht, los gaullistas franceses opusieron el ‎‎«supranacionalismo europeo» al «soberanismo». Para ellos, el marco nacional era la ‎democracia y la escala europea significaba burocracia. Para vencer la resistencia de los gaullistas, ‎el presidente francés François Mitterrand y el canciller alemán Helmut Kohl comenzaron por crear ‎la confusión entre el soberanismo democrático (sólo el pueblo es soberano) y el soberanismo ‎nacionalista (la nación es el único marco conocido para ejercer un poder democrático). Luego ‎asimilaron toda forma de «soberanismo» al «chauvinismo» (el hecho de considerar que sólo ‎lo nacional es bueno y de despreciar todo lo que venga del extranjero). ‎

Se adoptó el Tratado de Maastricht y ese documento transformó un sistema de cooperación ‎entre Estados en un Estado supranacional (la Unión Europea), a pesar de que ni siquiera existía ‎algo que pudiese llamarse «nación europea». ‎

Se reescribió la Historia, tanto para hacer creer que el nacionalismo es la guerra como para borrar ‎las huellas de las políticas chauvinistas antirrusas. Francia y Alemania crearon un canal de ‎televisión binacional llamado Arte, cuyos programas debían presentar el nazismo y el sovietismo ‎como dos regímenes totalitarios resultantes de un mismo nacionalismo. Se creó ‎deliberadamente la confusión entre el nacionalismo alemán y el racialismo nazi –a pesar de que el ‎racialismo nazi es incompatible con la idea nacional germánica, que no se basa en la raza sino en ‎la lengua. Y se borraron también las huellas de los esfuerzos que hizo la URSS por sellar una ‎alianza antinazi. Se modificó asi el significado del Pacto de Múnich y del Acuerdo Molotov-‎Ribbentrop.‎

Treinta años más tarde, las instituciones “europeas” concebidas entre 6 países y desarrolladas ‎entre 12 están resultando imposibles de sostener a la escala de 28 países, cosa que ‎Estados Unidos ya había anticipado. La Unión Europea se ha convertido en un gigante ‎económico… pero sigue sin existir la “nación europea” y los Estados miembros de la UE han ‎perdido su soberanía nacional pero siguen sin tener una ambición política común. ‎

Para tener una idea del error cometido pregunte usted a un soldado del embrión de “ejército ‎europeo” si está dispuesto a «morir por Bruselas» y vea su cara de asombro. Los soldados ‎están dispuestos a dar la vida por su país… pero no por la Unión Europea. ‎

El mito que afirma que «la Unión Europea es la paz» aportó a la UE el premio Nobel de la Paz ‎en 2012, pero:
- Gibraltar sigue siendo una colonia británica en suelo español;‎
- Irlanda del Norte es también una colonia británica en suelo irlandés;
- y, sobre todo, el norte de Chipre sigue bajo la ocupación militar del ejército turco.‎

Francia y Alemania creyeron que, con el paso del tiempo, las particularidades británicas ‎determinadas por la historia se disolverían en el Estado supranacional. Olvidaron que el ‎Reino Unido no es una República igualitaria sino una monarquía parlamentaria clasista. ‎

Debido a los restos de su imperio colonial en Europa occidental, el Reino Unido nunca pudo ‎integrar el proyecto franco-alemán de Estado supranacional. Rechazó además varios elementos ‎importantes del Tratado de Maastricht, como su moneda supranacional, el euro. La lógica ‎interna del Reino Unido empujaba irresistiblemente ese país a fortalecer su alianza con ‎Estados Unidos, cuya cultura comparten parte de sus élites. Es por eso que la administracion ‎Bush se planteó, en el año 2000, la inclusión del Reino Unido en el Tratado de Libre Comercio del ‎América del Norte (TLCAN) y la posibilidad de organizar su salida de la Unión Europea.‎

El hecho es que el parlamento británico nunca optó por uno de los dos lados del Atlántico. Hubo ‎que esperar al referéndum de 2016 para que el pueblo británico escogiera, optando por el Brexit. ‎Pero la eventual salida británica de la Unión Europea volvió a abrir una herida que se había ‎olvidado. La creación de una frontera aduanal entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte ‎pone en peligro el acuerdo de paz, conocido como ‎«Acuerdo del Viernes Santo»‎, entre la ‎República de Irlanda y el Reino Unido, acuerdo que no fue concebido para resolver un problema ‎sino sólo para congelarlo.‎

El sistema político británico se basa en la bipolaridad. Esto se ve físicamente en el salón donde ‎se reúne la Cámara de los Comunes, donde los diputados no se sientan en un hemiciclo sino ‎frente a frente. El hecho es que el Brexit plantea simultáneamente dos cuestiones ‎existenciales: ser o no ser miembro de la Unión Europea y mantener o no la colonización de Irlanda ‎del Norte. Durante los 3 últimos años, todos hemos podido comprobar que la Cámara ha sido ‎incapaz de llegar a una decisión de la mayoría sobre alguna de las 4 opciones posibles. Esta ‎situación ha afectado gravemente la economía británica. Según un informe confidencial de ‎‎Coalition, las comisiones bancarias se ganan cada vez menos en la City londinense y cada vez ‎más en Wall Street. ‎

El sistema político británico es pragmático. Nunca fue pensado como sistema político y nunca ha ‎llegado a tener reglas escritas. Es resultado de miles de años de enfrentamientos y de correlaciones de fuerza. ‎Según el estado actual de la tradicional constitucional, el monarca sólo hace uso del poder si está ‎en juego la supervivencia de la nación. Es por eso que la reina decidió ‎suspender (eufemísticamente «prorrogar») el parlamento para dar a su primer ministro la ‎posibilidad de desbloquear la situación. Normalmente, la reina sólo puede suspender ‎el parlamento por razones técnicas (como una elección, por ejemplo) pero no para poner la ‎democracia entre paréntesis. ‎

Resulta extremadamente interesante observar la emotiva reacción que la decisión de la reina ‎provocó en el Reino Unido. Todos los que se opusieron al Brexit se dan cuenta ahora de que ‎han pasado 3 años en discusiones estériles y que han alcanzado los límites de la democracia. ‎Algunos, incluso en la Europa continental, descubren con asombro que la democracia implica la ‎igualdad entre todos los ciudadanos y que, por consiguiente, es incompatible con un sistema que ‎sigue siendo una monarquía clasista. ‎

El error de apreciación sobre el cual se asienta todo esto nos remite además a la creación de las ‎instituciones europeas basadas en el modelo concebido precisamente por Winston Churchill. ‎Para Churchill no se trataba de unir democracias ni de crear un Estado supranacional ‎democrático sino de evitar el surgimiento de una potencia hegemónica en el continente europeo. ‎O sea, impedir que Alemania lograra levantarse nuevamente y, al mismo tiempo, poner a Europa ‎en condiciones de enfrentarse a la Unión Soviética. Al contrario de lo que proclaman los eslóganes que tan hábilmente utilizó, ‎el objetivo de Churchill no era oponerse al modelo comunista sino continuar la política que ya ‎había aplicado durante la Segunda Guerra Mundial: debilitar a las dos principales potencias ‎continentales –Alemania y la URSS– a las que dejó luchar solas una contra otra desde junio ‎de 1941 hasta septiembre de 1943, sin implicar en la lucha ni un solo ejército británico. ‎

Así que no es sorprendente que el presidente francés Francois Mitterrand, quien había participado ‎con Winston Churchill en el Congreso Fundador realizado en La Haya en 1948, nunca se ‎preocupara por el déficit de democracia del Estado supranacional que él mismo concibió con el ‎canciller alemán Helmut Kohl a raíz de la disolución de la URSS.

‎Boris Johnson es un típico producto del Eton College, aunque parte de ‎su educación se desarrolló en Estados Unidos –renunció a la ciudadanía estadounidense ‎en 1996 para tratar de entrar a la Cámara de los Comunes. Es un discípulo de dos grandes ‎personalidades del Imperio británico. Primeramente, de Benjamin Disraeli, el primer ministro de la ‎reina Victoria. Johnson hereda de Disraeli su concepción del llamado Conservatism One Nation, ‎según la cual la riqueza confiere a quien la posee una responsabilidad social –la élite (upper ‎class) tiene la obligación de dar trabajo a las clases pobres para que cada cual se mantenga en ‎su lugar. La otra personalidad es Winston Churchill, sobre quien incluso escribió un libro. ‎

Theresa May se planteó sucesivamente 3 modos diferentes de compensar la salida de la Unión ‎Europea: convertir el Reino Unido en el agente cambiario del yuan chino en Occidente, fortalecer ‎la «relación especial» con Washington [y redinamizar ‎el Commonwealth (Global Britain). ‎

Boris Johnson se sitúa en la continuidad de esos modelos aunque focalizándose en la «relación ‎especial» con Estados Unidos y echándose en brazos del presidente Trump en el G7, aunque ‎no comparte los puntos de vistas del estadounidense, ni en economía, ni en política internacional. ‎También es lógico que haya mentido descaradamente contra Rusia en el momento del caso ‎Skripal que no sólo quiera sacar al Reino Unido de la Unión ‎Europea, sin importar el precio a pagar por ello, sino también, y sobre todo, sabotear la ‎aventura supranacional continental. ‎

Si Boris Johnson logra mantenerse como primer ministro, la política internacional de la ‎‎«pérfida Albión» consistirá en servir de consejera a Washington y en provocar conflictos entre la ‎Unión Europea y Rusia.

jueves, 5 de septiembre de 2019

Análisis Propuesta Programa común Progresista PSOE...En relación con Salvamento Marítimo.


PROPUESTA PROGRAMA COMÚN PROGRESISTA PSOE

(En relación con el servicio de Salvamento y Seguridad Marítima)



1.3 Empleo y servicios públicos



42. Desarrollaremos el Estatuto Básico del Empleado Público: mejora para el acceso al empleo público, agilización de los procesos, carrera profesional, evaluación del desempeño, clasificación profesional.etc.



43. Fomentaremos la promoción profesional vertical y horizontal: que permita combinar la libre elección de cambio del puesto de trabajo, con el cuidado de la riqueza técnica de los equipos estables.



44. Revisaremos el contrato de interinidad en las Administraciones Públicas: evitando su uso abusivo, en la línea de los últimos pronunciamientos judiciales.



45. Servicios de Rescate, Extinción de Incendios y Salvamento: adoptaremos entre otras las siguientes medidas:










Optimización de los recursos de los servicios de Salvamento Marítimo, fortaleciendo la estabilidad de su plantilla, su carácter civil, y su función exclusiva de salvamento.

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ALGUNAS CONSIDERACIONES AL RESPECTO

Reconociendo la necesaria esquematización de las propuesta. Se deberían aclarar, mejorar y corregir algunas relativas al servicio público de Salvamento Marítimo.:

Sería recomendable que lo reflejado en el punto 43 contemplase la dualidad, cumpliendo los requisitos profesionales, para desarrollar el trabajo tanto como controlador terrestre o  tripulante de unidades marítimas y viceversa.

En cuanto al punto 45 hay que señalar  como positiva la voluntad de fortalecer la estabilidad de la plantilla y su carácter civil. Pero es un error, a corregir, señalar “su función exclusiva de salvamento” Puesto que tienen además reconocidas como tareas propias las de “lucha contra la contaminación marina” y  “el control de tráfico marítimo”. Este control afecta sustancialmente a la Seguridad Marítima en nuestras aguas y debería serlo también en nuestros puertos, pues la Seguridad Marítima es responsabilidad de la DGMM, incluyendo la lámina de aguas portuarias.   

miércoles, 31 de julio de 2019

La metástasis de los puertos españoles x Rafael Rodríguez Valero

RAFAEL RODRÍGUEZ VALERO 31/07/2019
España es un país eminentemente marítimo, con unos 8.000 km de costa, incluyendo los archipiélagos de las Baleares, las Canarias y las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla; además tiene una situación estratégica importante, pensemos en el Estrecho de Gibraltar o en el dispositivo de tráfico marítimo de Finisterre. Los puertos son decisivos en ese contexto estratégico, ya que abarcan importantes sectores económicos y sociales que generan empleo y dinamizan la economía: tráfico de mercancías, la pesca, la logística, la calidad del medio ambiente; integran y cohesionan el territorio nacional y si se gestionan bien pueden ser altamente competitivos.
El sistema portuario español contempló un cambió notable en las últimas décadas. Antes de 1992 había tres modelos portuarios: Barcelona, Bilbao, Huelva y Valencia, puertos autónomos gestionados por organismos públicos con ese mismo nombre, Puertos Autónomos; el resto de los puertos de interés general, administrados a través de las Juntas de Obras del Puerto, que dependían del Ministerio de Obras Públicas; y finalmente teníamos la Comisión Administrativa de Grupos de Puertos, que abarcaba los puertos restantes, sin personalidad jurídica propia, dependientes de un órgano centralizado en Madrid.
Este sistema era más o menos válido para aquellos momentos, pero estaba claro que se necesitaba un cambio importante para homologarnos con los requerimientos europeos. Por ello se preparó una legislación moderna que se tradujo en la aprobación en el año 1992 de la Ley de Puertos del Estado y de la Marina Mercante, donde el sistema portuario español, cuya titularidad es estatal, quedó conformado por 46 puertos de interés general, gestionados por 28 Autoridades Portuarias, coordinadas todas ellas, a fin de obtener la máxima eficiencia del conjunto, por el ente público Puertos del Estado, pero manteniéndose en vigor el real decreto por el cual correspondía al Ministerio de Obras Públicas y Transportes (en la actualidad Ministerio de Fomento), designar al presidente de cada Autoridad Portuaria. No era un sistema óptimo, pero las posibles imperfecciones se absorbían perfectamente por el sistema. Hay que tener en cuenta que, con este método, la designación correspondía a un sólo equipo de gestión ministerial, perteneciente a un único Gobierno. Pero esta norma de designación cambió a partir del llamado “pacto del Majestic”, firmado tras las elecciones generales de 1996, entre el Partido Popular y Convergència i Unió para la investidura de José María Aznar como presidente del Gobierno. En ese pacto, entre otras muchas competencias, el futuro Gobierno cedió a Cataluña la designación de los presidentes de las Autoridades Portuarias de Barcelona y Tarragona, los dos puertos de interés general en el territorio catalán. Meses después se modificaron las leyes precisas para que todos los presidentes de los Gobiernos autónomos (café para todos), pudieran designar a los presidentes de los puertos de interés general existentes en sus territorios. Al ministro de turno le reservaban el dudoso honor de ratificar la decisión.
La nueva situación introdujo en el sistema portuario una variable importante: la de dotar a los presidentes autonómicos, de posiciones políticas distintas, cada uno con sus intereses y principios, de un gran poder en un sector de tanta importancia estratégica como el portuario, no sólo a nivel nacional sino internacional.
Una vez actualizada la legislación, lo siguiente fue actuar sobre las infraestructuras portuarias y dotar a las mismas de medios modernos para las operaciones de carga, descarga, atraques, desembarco de pasajeros, seguridad de las operaciones, explanadas de almacenaje, conexiones, etc.
El modelo portuario español, en lo tocante a la financiación de las inversiones necesarias, está basado en la colaboración de la iniciativa privada con el sector público. Normalmente las administraciones públicas otorgan concesiones de uso del demanio portuario durante un determinado plazo de tiempo, durante el cual el concesionario asume los riegos operativos y financieros. A cambio se le facilita la infraestructura y el servicio.
Es evidente que desde 1995, algunos puertos han aumentado de forma considerable el número de millones de toneladas movidas, otros menos y algunos han perdido movimientos de carga. Esto podría se podría deber, teniendo en cuenta que los puertos españoles son periféricos dentro del sistema portuario europeo, a lo siguiente: un fuerte crecimiento de la demanda interna; un incremento del flete marítimo especialmente en el contexto internacional; a la situación estratégica del algunos puertos como el de Algeciras y Valencia; al incremento del tráfico de cruceros que hicieron del Mediterráneo español su destino turístico; a los grandes avances en lo referente a la manipulación de mercancías; a un acertado desarrollo de las zonas de actividades logística (ZAL); a unas infraestructuras portuarias muy competitivas; y, como no, a una política de rebajas tarifarias importante.
Hasta aquí todo bien, ¿pero qué sucede con el funcionamiento del día a día de los puertos, lo que un fino periodista llamó el deep state portuario? Muy sencillo: los puertos han caído en manos del poder político autonómico, consecuencia directa del pacto del Majestic, acordado para que el señor Aznar López alcanzara la presidencia del Gobierno español. Puesto que todo poder político se propaga y se extiende en forma de metástasis, los puertos han sufrido y sufren cánceres muy considerables.
Primero nombran al presidente de la Autoridad Portuaria, no importan los conocimientos que tenga sobre el tema, la premisa fundamental es que sea un fiel servidor, sumiso y obediente, aunque algunas veces se equivocan, pero lo tienen fácil, el poder utiliza sus tentáculos y luego aparecen los estómagos agradecidos que hacen su labor, secuencia muy conocida en el patio político de este país. En segundo lugar, empieza el baile y la colocación dentro del puerto de lo que se conoce como la “familia”, claro está, la familia, política o no, del político de turno. Pero cuando el presidente autonómico es apartado por un proceso electoral, el nuevo “barón” quiere colocar también a su estirpe. Como a la otra no la puede echar, lo que hace es añadir la nueva remesa a las anteriores, de forma que, con el pasar de los años, tenemos en los puertos distintas familias políticas, que forman pequeños grupos de poder y que cada vez absorben más recursos y esclerotizan el puerto.
Esta esclerotización se percibe más o menos en función de los resultados del puerto, si estos son buenos o medianos pasa desapercibida, ya que los puertos son entes muy dinámicos que si han sido dotados de grandes y modernas infraestructuras, que las paga el Estado, la inercia les lleva a ir desarrollándose cada vez más. No obstante, si el nuevo presidente de la Autoridad Portuaria viene con ideas, y éstas chocan con las que tiene el “poder en la sombra” de ese puerto, tendrá problemas, pues aquí se produce una fuerte colisión, dónde el presidente es el pasajero y el “poder en la sombra” es la tripulación, y aquél tiene fecha de caducidad.
El poder autonómico es plenamente consciente de la situación y juega las bazas que considera en cada momento más favorables a sus intereses. Unas veces le interesa que permanezca el presidente del puerto y otras no. No se olvide que los Consejos de Administración están controlados de forma obscena por el poder político local y regional de turno.
De esta manera, podemos observar que los puertos son marionetas manejadas por los presidentes autonómicos. Desde la sombra, manejan a su gusto a presidentes y ejecutivos del puerto, pues son conocedores de la influencia que tienen en sectores económicos muy importantes y políticamente les suele salir muy rentable.
Tengamos presente que los puertos son entes estratégicos en el contexto nacional. Además, juegan con la ventaja de que en estas maniobras ellos no firman, para eso están los que han sido nombrados, que son los que, al final, acaban en procesos judiciales, como se está viendo últimamente. Y todo esto es más notorio cuanto más tiempo lleve el barón feudal en el ejercicio del cargo, pues en ese caso se nota mucho que el poder en la sombra tiene un solo color político.
¿Y qué sucede con el ente Puertos del Estado, que debería ser el coordinador (mejor el regulador) del sistema? Al ente le sucede lo mismo que a los puertos, tal vez de forma menos impúdica. Ahí también se han formado, durante años, colonias políticas que están incrustadas en el sistema clientelista como mejillones a la piedra, que unas veces están con el sol del poder y otras veces se van a la sombra, pero siempre están ahí, respetándose en determinadas cuestiones, siguiendo el principio de “hoy por ti mañana por mí”. Y además tienen, casi todos, una gran afinidad con los poderes en la sombra de los puertos periféricos españoles. En Puertos del Estado están permanentemente informados, unos con otros y como suelen decir entre ellos: el roce de muchos años da un cariño muy grande. En realidad, son los tahúres de los puertos, que los utilizan como sus gariteros.
Por eso, el presidente de Puertos del Estado, aunque él no lo crea, es un rehén de este poder en la sombra, muchos llegan y no les da tiempo ni a enterarse de cómo funciona el sistema, ya que vienen de campos diferentes. Otros, cuando se empiezan a enterar, tienen que irse. Por eso el deep state portuario resulta tan poderoso, juega con el conocimiento de los años en este sistema clientelista, las conexiones y la información (esto es importantísimo) que la mayoría de las veces no tiene ni siquiera el presidente de Puertos del Estado.
Ante esta situación, sólo queda plegarse al sistema, dejarse llevar y recibir todo el incienso y boato del cargo, que ya se encargarán de que sea exultante.    
Enfrentarse al poder en la sombra, fuertemente instalado en las instituciones, que se defenderá con uñas y dientes, a muerte, sólo consigue que sus integrantes se unan al grito mosquetero de “uno para todos y todos para uno”. Se juegan mucho. También queda, claro está, la opción de dimitir, una decisión que está intrínsecamente ligada a la forma de ser de cada persona. Pero, aunque sea muy difícil y cueste un riñón, nos queda la mejor opción: acabar con la metástasis y cambiar la perversidad del actual sistema portuario.

martes, 9 de julio de 2019

Un PSOE Ilusionante para el siglo XXI X Josepe


UN PSOE ILUSIONANTE…. PARA EL SIGLO XXI

                Pedro Sánchez, su equipo y muchos y muchas socialistas dotaron al PSOE y a la izquierda de este país, el 18 de febrero del 2018, de un Reglamento Federal de Desarrollo de los Estatutos aprobados en el 39º Congreso, que apuesta por un funcionamiento más democrático del partido y por la implicación directa de los militantes en los procesos de toma de decisiones.



Algo absolutamente necesario para la regeneración democrática que debe de abordar España, Europa y El Mundo, con partidos políticos ejemplares en su funcionamiento. Con una militancia activa y comprometida que asume su responsabilidad y ejerce sus derechos.



El PSOE que, tras este 39º Congreso, es ahora un partido más democrático, más transparente, más participativo y más abierto a la sociedad; por lo tanto más capaz de llevar a cabo la transformación de la sociedad ampliando los valores de la igualdad, la  solidaridad, y siempre en un entorno de libertad.

Algún día nos daremos cuenta del importante legado que nos dejó este 39º Congreso. Pero solo, si somos capaces de trasladar su espíritu a nuestra militancia, y por ende a nuestra sociedad; habremos puesto realmente en marcha el socialismo del siglo XXI.



No será tarea fácil. Sufriremos las descalificaciones de fuerzas externas e internas que intentarán disolver la fuerza de este socialismo moderno con palabras vanas y generalmente interesadas para ralentizar el desarrollo que nos ofrece este 39º Congreso.



Contra las descalificaciones externas solo nos queda el ir todos a una. Contra las internas tenemos que trabajar en todas y cada una de las Agrupaciones con la formación de la militancia en todos y cada uno de los aspectos que se nos ofrece en este nuevo “statu quo”. Al fin y al cabo la Formación es un derecho que, en el PSOE, tiene toda la militancia.



Además y dentro del Área de Organización Federal ya existe un Secretario Ejecutivo de Dinamización de las Agrupaciones Locales: José Antonio Rodríguez Salas. La tarea es hacer algo parecido en todas las federaciones, y en todas las Agrupaciones



Castro Urdiales 5 de mayo del 2019.